Falleció el escritor y radiodifusor Marco Chiriboga Villaquirán

Marco Chiriboga Villaquirán

Marco Chiriboga Villaquirán

El escritor y radiodifusor Marco Chiriboga Villaquirán falleció en Quito, su ciudad querida, a los 66 años. Celebraba cada 14 de febrero a la “muy noble y muy leal”.

Ojalá los dioses o los duendes le hayan bendecido con una parca quiteña: ayer, Marco Chiriboga Villaquirán perdió la partida de cuarenta que venía jugando desde hace cuatro años contra un cáncer. Quiteño y amante de Quito, este radiodifusor, editor, músico y bohemio  deja con su partida un vacío en la ciudad.

Nacido hace 66 años en el barrio de La Tola, en el corazón histórico de la capital, Chiriboga contaba con gusto sus anécdotas de guambra plazuela, que en las cuestas orientales de la Chile o de la Caldas estaba junto a los amigos presto para el cacho, la ocurrencia, la serenata o el cortejo: la vida de la ciudad no era, hace 50 años, una carrera por las avenidas, sino esa vida de barrio y jorgas.

Temible, la jorga de Chiriboga, que frecuentaba en ese barrio tradicional las tiendas y, más importante, las trastiendas. Allí nacieron los mejores pasillos, decía este amante y conocedor de la música ecuatoriana. Él mismo debe haber visto en esas huecas de la bohemia de entonces al Pollo Ortiz o al Ciego Guaña acompañando a Gonzalo Benítez y al inmortal Potolo…

Pero Chiriboga no se quedó en su esquina para siempre. Viajó, como muchos, buscando horizontes más amplios en Estados Unidos. Apostaba, el joven Marco, por una vida en las letras: su primer libro, Una vez primavera, fue editado por Editorial Oasis de México. Ediciones Iberoamericanas de Madrid publicó su  poemario Cantinelas en su Biblioteca de Autores Hispanoamericanos.

El camino de las letras no llevaba hacia el sustento. Contaba Marco de la tarde en la que, desesperado por no tener dinero para alimentar a la familia que allá había formado, fue un día y recortó reseñas y poemas que le habían publicado: puso esos papeles en una ensaladera a manera de magra cena…

En Nueva York dirigió la sección  literaria del diario La Prensa; viajó luego como representante de la revista Bussines Week por  Latinoamérica, Asia y Europa; trabajó con editoriales de Italia y Alemania, con diarios de Boston y Miami…

Pero nada es eterno en la vida, salvo Quito, que durará hasta el fin de los tiempos: aquí regresó Marco Chiriboga para hacer la segunda mitad de su vida. Desde una imprenta en la calle Lugo, en una casa de teja que tumbaron para hacer cualquier edificio, movió ediciones Panorama, un sello con el que produjo revistas y libros.

Buscaba auspicios, por ejemplo, de casas farmacéuticas: les vendía por adelantado novelas, libros de cuentos o de poemas de autores ecuatorianos o sus propias producciones.

Dueño de una voz que podía volver poema cualquier receta  de cocina, regaló a los oyentes de Quito con un programa radial consagrado a la ciudad, su historia, su música, sus cuentos y  sus memorias mínimas: esas historias chiquitas que Cristóbal de Gangotena Jijón recogiera y que Marco Chiriboga coleccionaba como joyas.

En Quiero hablarles de una ciudad llamada Quito, que se transmitía por la frecuencia 95.3 de Radio Pichincha, el paseo de cada noche era por un Quito que, un poco, recordaba las acuarelas de Muñoz Mariño: ciudad idealizada, sin tanto ruido ni tanta suciedad, sin tanto apuro ni tanto malgenio.

Se lo extrañará especialmente cada 14 de febrero. Ese día, para muchas personas, es solamente el frívolo festejo de San Valentín, Día del Amor y la Amistad.

Pero, en 1556, el rey español Felipe II reconoció a la villa Quito como ciudad y le otorgó los blasones de “Muy Noble y Muy Leal”. Chiriboga consiguió que el Municipio promiera celebrar ese día con geranios, desfiles de colegiales, recitaciones de poemas…. En el bulevar de la Veinticuatro de Mayo lo celebró por lo alto los últimos años.

Chiriboga era también editorialista en La Hora y colaboraba ocasionalmente con El Quiteño. Su visión de la ciudad, quizá un poco conservadora y algo nostálgica, no dejaba de tener, al menos, dos méritos.

El primero era el rigor con el que se documentaba cada dato y cada afirmación histórica. El segundo, sin duda, el profundo afecto por el lugar y su gente, por este modo de acomodarse junto a la montaña o bajo la lluvia que es Quito.  (AEA)

Letra impresa

Editorial Panorama publicó revistas especializadas: Panorama Medico, Panorama Económico, Panorama Agropecuario.

Escribió la Colección Premios Nóbel de Medicina, diccionarios de fobias, de manías, de aberraciones.

En 2000 ganó el segundo Premio Nacional de Biografía con Vida, pasión y muerte de Eugenio Espejo. Una edición resumida fue publicada por el Municipio.